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Cuando las responsabilidades no dejan espacio para uno mismo

Cuando las responsabilidades no dejan espacio para uno mismo

Una manera diferente de abordar la presión, el trabajo interior y las decisiones importantes.

Hay personas que llevan años tomando decisiones. Dirigen empresas, desarrollan proyectos, sostienen equipos, resuelven conflictos y asumen responsabilidades que afectan a muchas otras personas.

Con frecuencia, lo hacen bien. Son personas capaces, comprometidas, acostumbradas a encontrar soluciones.

Pero esa capacidad tiene a veces un coste que pasa inadvertido. La mente continúa trabajando cuando termina la jornada. Los asuntos pendientes acompañan las conversaciones familiares. El descanso no siempre proporciona verdadero descanso. Y las decisiones importantes, lejos de aclararse cuanto más se piensan, pueden terminar convirtiéndose en un círculo del que cuesta salir.

No siempre se trata de trabajar demasiado. A veces, el problema es haber perdido la posibilidad de estar plenamente presentes en lo que hacemos, incluso cuando dejamos de trabajar.

Una pregunta que me acompañó durante años

A principios de los años noventa, poco después de instalarme en Barcelona, me invitaron a impartir unas conferencias dirigidas a altos directivos en el Círculo Ecuestre.

El interés surgía de una tendencia que empezaba a conocerse en Estados Unidos: aplicar determinadas enseñanzas del zen al mundo de la empresa.

Aquella experiencia me planteó una pregunta que tardé años en responder: ¿Qué podía aportar realmente mi trabajo a las personas que desempeñaban responsabilidades empresariales?

Llevaba años dedicada a la psicología y a la práctica del zen. Conocía el valor de la quietud, la atención corporal y el silencio, pero no quería convertirlos en un conjunto de técnicas destinadas exclusivamente a mejorar el rendimiento.

Había también una cuestión ética: ayudar a alguien a sentirse mejor no debería significar ayudarle a soportar indefinidamente situaciones que necesitan ser transformadas.

Durante casi diez años fui elaborando una manera de trabajar que pudiera mantener esa coherencia.

Finalmente comprendí que lo esencial no era el nombre que recibiera una actividad, sino la experiencia que las personas pudieran vivir en ella.

Podía llamarse gestión del estrés, desarrollo personal o formación para directivos. Lo importante era ofrecer la oportunidad de sentirse de una manera más completa y profunda, de reconocer lo que sucede en uno mismo y recuperar una relación menos automática con la propia vida.

A partir de entonces comencé a desarrollar intervenciones en empresas y organizaciones de distintos sectores. Durante años impartí sesiones de gestión del estrés para Allianz; también trabajé con numerosos profesionales del Hospital Parc Taulí, entre otras colaboraciones.

Estas experiencias me permitieron conocer de cerca algo que sigo constatando: detrás de las responsabilidades profesionales siempre hay una persona. Y esa persona necesita algo más que nuevas herramientas para organizar su trabajo.

No todo se resuelve pensando más

Cuando alguien se enfrenta a una decisión difícil, habitualmente intenta encontrar una solución aumentando el esfuerzo mental: examina alternativas, anticipa consecuencias, pide opiniones, hace cálculos.

Todo eso puede ser necesario. Pero no siempre es suficiente.

Nuestro estado físico y emocional interviene constantemente en la manera en que percibimos una situación. La tensión, el cansancio, el miedo a equivocarnos o la necesidad de mantener el control pueden reducir nuestra capacidad de ver otras posibilidades.

Por eso, en mi trabajo no empezamos necesariamente por analizar el problema.

A veces necesitamos reconocer primero qué está sucediendo en nosotros mientras intentamos resolverlo.

Cómo respiramos. Dónde acumulamos tensión. Qué ocurre cuando dejamos de responder inmediatamente a cada pensamiento. Qué sentimos cuando no estamos obligados, por unos momentos, a producir una solución.

No se trata de dejar la mente en blanco ni de apartarnos de la realidad.

Se trata de recuperar suficiente espacio interior para percibirla con mayor claridad.

¿Qué significa dedicar una jornada a este trabajo?

Una jornada individual en Montseny ofrece algo poco frecuente en la vida de muchas personas con responsabilidades: tiempo y atención sin interrupciones, dedicados enteramente a explorar lo que están viviendo.

Trabajamos a través del diálogo, la conciencia corporal, la quietud y la experiencia directa. En determinados momentos podemos caminar por el bosque, permanecer en silencio o explorar lo que sucede al modificar nuestra manera habitual de estar presentes.

No hay un programa rígido que deba completarse ni una secuencia de ejercicios idéntica para todo el mundo.

Cada persona llega con una historia, unas necesidades y una forma particular de afrontar sus dificultades. El trabajo se desarrolla a partir de esa realidad.

Podemos abordar una decisión profesional, un conflicto, una etapa de agotamiento, una transición importante o la sensación de estar viviendo permanentemente bajo presión.

Pero no buscamos únicamente hablar de lo que sucede. Buscamos que la persona pueda reconocer, también corporalmente, desde dónde está viviendo esa situación.

A veces aparecen aspectos que habían pasado inadvertidos. Otras veces, algo que parecía extraordinariamente complicado empieza a verse con mayor sencillez.

Y a veces se descubre que la cuestión no consiste en aprender a resistir más, sino en reconocer qué necesita cambiar.

Una experiencia, no una solución prefabricada

Una jornada no transforma mágicamente una vida ni resuelve todos sus conflictos.

Tampoco pretendo decidir por nadie.

Mi responsabilidad es acompañar un proceso de exploración suficientemente profundo para que la persona pueda experimentar otras posibilidades de estar consigo misma y relacionarse con lo que vive.

Después, cada cual continúa su camino.

Puede que decida cambiar algo importante. Puede que descubra que necesita tiempo. Puede que encuentre una manera diferente de afrontar responsabilidades que desea seguir asumiendo.

Lo esencial es que esas posibilidades no nazcan únicamente de la urgencia, la tensión o el miedo.

Hay una idea que resume mi trabajo actual:

No trabajo sobre la decisión. Trabajo sobre el estado desde el que decides.

Porque nuestra capacidad de actuar en el mundo también depende de la relación que mantenemos con nosotros mismos.

Y recuperar esa relación no significa desentendernos de nuestras responsabilidades. Puede ser, precisamente, una manera de asumirlas con mayor libertad.


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